viernes, 31 de julio de 2015

Capítulo 45


Vaya, el paisaje se ve diferente a como lo recuerdo la última vez que estuve aquí —expresó Noah dentro de la cabina del helicóptero CX4T800 Silver Hack—. Todo luce menos…

—¿Congelado? —indagó Amara con desgana, a su lado.

Ellos, junto con Velkan y media docena de los mejores hombres de la Guardia Pretoriana, sobrevolaban dentro de la futurística aeronave, los cielos de Siberia.

—Sí, es más verdoso —observó él a través del cristal protegido a prueba de los rayos solares. Pese a la oscura lámina que revestía las ventanillas, de adentro hacia afuera, se apreciaba la naturaleza con cada uno de sus colores característicos.

—La taiga es impresionante —agregó Velkan con su marcado acento ruso, maravillado por la extensión del bosque de coníferas.

Desde arriba, los árboles daba la impresión de ser un gigantesco tapete verde que abarcaba los cuatro puntos cardinales.

Amara y Noah asintieron. Los hombres detrás de ellos, con sus armas y espadas en el cinto, se limitaban a permanecer en silencio. De estos poco importaba su opinión, salvo estar dispuestos a morir por su reina.

El Castillo de Adrik comenzó a divisarse a lo lejos. El piloto pidió permiso a la torre de control, apostada en un extremo de la construcción medieval; desde allí, permitían o negaban el acceso a los visitantes que tomaban el camino desde las alturas.

La forma en cómo llegaban, hizo añorar al neonato las teletransportaciones. Bastaba un pestañeo y su cuerpo se movía de un lugar a otro, recorriendo grandes distancias y ahorrándose las molestias de los aeropuertos y sus políticas de vuelo. Fue un alma libre que le había dado la vuelta al mundo un par de veces, sin pasaportes y como si fuera un “mochilero”. No quedó un país tropical que quedara por conocer: Europa,  vieja y fascinante; Asía, mística y extravagante; América, jovial y apasionada; Oceanía, problemática y estricta; África, salvaje y aventurera... Cada uno de los continentes le brindó gratos recuerdos; por desgracia, eso quedaría para el recuerdo, al pagar un alto precio con su vida.

El helicóptero aterrizó en el terraplén, donde una vez lo hizo para agilizar los implementos que se debían utilizar para el conjuro. A Amara no le pasó por alto que, cerca de este, había una segunda plataforma que yacía ocupada por otro helicóptero de dimensiones más pequeñas.

Fuera del castillo, el anfitrión, junto con el Ejército Rojo, aguardaba a que la alemana y sus acompañantes se bajasen para los saludos de rigor y proceder a continuación con los negocios de índole prioritario. Se requería de la presencia de la mujer y no un representante de alto rango.

Aunque Noah había sido invitado por su amante, para que se empapara de todos los pormenores que se llevaran a cabo en los negocios, estaba ahí porque ella no quería perderlo de vista. Temía dejarlo solo en Dielmissen; al único hombre que le confiaría lo que más amaba, viajaba también en la comitiva para protegerla de cualquier eventualidad. Así que si protegía a uno, podía proteger a dos.

Pero lo que la Grigori rubia, incluso, Velkan Angelov, no previeron, era la presencia por esos predios de un hombre detestable.

Céferes.

El Sigma de la Casa de la Serpiente, estaba parado al lado de Raveh Lamia, como si fuesen íntimos amigos. Un bastardo horrendo que fue vampirizado en sus cincuenta y tantos años, hacía más de ocho siglos.

Este, cómo seguidor de los protocolos reales, también esperaba paciente a que ellos se dignaran de posar sus aristocráticos pies en el suelo siberiano y esbozaran sus acostumbradas sonrisas falsas.

—¿Y ese maldito que hace ahí? —inquirió Amara molesta,  desde su asiento y señalando a través de su ventanilla.

Velkan gruñó por lo bajo, enojado por todo lo que su esposa y él padecieron por su culpa. Era un condenado vampiro rastrero que no escatimaba en venderle el alma al diablo con tal de causar daño a los que se atravesaban en su camino y salirse con la suya.

—No lo sé —respondió él con ojeriza—, pero lo averiguaré. —En sus ojos estaba la promesa de hacerle pagar cada una de sus fechorías.

Noah, quién observaba la arisca reacción de los dos, preguntó:

—¿Quién es ese sujeto?

Amara lo miró con ojos entornados y respondió:

—El lame culo de Azael. Cuídate de él, no es de fiar.

Para el muchacho la explicación fue suficiente. Quién fuera el vampiro debía mantenerlo en la mira para mayor seguridad.

Se bajaron de la aeronave, una vez las compuertas se abrieron y las aspas de las hélices aminoraron su velocidad. Caminaron encorvados hacia Raveh y los hombres que mantenían el perímetro vigilado. Amara encabezaba la marcha, seguida por Noah y Velkan al mismo tiempo. Parte de la Guardia Pretoriana se quedó vigilando el helicóptero y el resto caminaba relegado unos metros más atrás. Cada quién pendiente de aquellos que los apuntaban con sus armas de largo alcance.

—Bienvenida, hermosa Amara —aduló Raveh, mientras le besaba el dorso de la mano—. Cada vez que tu magnánima presencia me visita, Adrik se engalana.

La aludida sonrió y se acicaló su larga melena, llevando un mechón grueso hacia su pecho. Una acción que solía hacer cuando coqueteaba o alguien le agradaba.

—Gracias, Raveh —dijo sonriente—. Como siempre tan caballeroso.

Noah frunció el ceño y apretó los puños. Controlando así la inmensa marejada de celos que lo golpeaba inmisericorde.

Céferes se percató de ese hecho, pero también del extraordinario parecido físico que este tenía con Velkan Angelov. Tal vez era un descendiente lejano, que sobrevivió al tiempo mismo. Algún primo, hermano o sobrino del ruso, pudo haber procreado todo un linaje que desembocó en el muchacho. Le asombraba tanta semejanza, casi una copia al carbón; había ciertas diferencias que solo un experto tenía la facultad de diferenciar. Y él era el mejor. Con apenas posar sus ojos sobre ellos, determinó que no eran gemelos idénticos, pero sí con un parentesco consanguíneo que los ataba de por vida.

—Vaya, por lo visto nuestro “amigo” decidió probar el oscurantismo —comentó Raveh al fijarse en la condición física de Noah—. Dime: ¿qué se siente ser parte de lo que aborrecías?

La impertinente pregunta molestó a Amara y al mismo muchacho.

—Hum… Nada del otro mundo. He pasado por cosas peores —respondió él sin dejarse amilanar por el Grigori siberiano.

Raveh se carcajeó y Amara lo miró orgullosa. Se sabía defender muy bien sin la necesidad de recurrir a terceras personas.

—Me gusta tu nuevo entretenimiento, Amara —dijo Raveh sin dejarse de reír—. Tiene valor.

—No es mi “entretenimiento” —corrigió ella en el acto—. Es mi prometido.

La mandíbula de Raveh se desencajó. La noticia lo impactó, pero lo recibía de buena gana.

Al menos para él.

Céferes tenía otro motivo para despreciar a la mujer. Se quedaba con los mejores especímenes masculinos.

—¡Felicitaciones! —exclamó Raveh con sinceridad—. Esto hay que celebrarlo.

Amara, Velkan y Noah sonrieron estando de acuerdo. Qué mejor pretexto que ese, para probar una de sus mejores botellas de vodka.

Sin embargo, para la vampira, había un personaje que brillaba por su ausencia.  

—¿Y Azael, que no lo veo? —preguntó al percatarse que el Grigori iraquí no había salido a recibirla.

Raveh respondió:

—Nuestro camarada faltará a la reunión, pero en representación de él, mandó a su Sigma.

Amara gruñó.

—¡Qué ofensa! —exclamó indignada—. Yo he tenido que movilizarme desde Berlín hasta estas tierras, para tener que hablar con su lacayo. ¡Me va a oír cuando le telefonee! A mí nadie me deja plantada.

Céferes respiró profundo ante el comentario y se controló como todo un maestro de la apariencia.

—En nombre de mi Señor, le pido mil disculpas. Pero a él se le presentó un caso de vital importancia.

Esta, airada, levantó la mandíbula una pulgada.

—¿Cómo cuál? —inquirió—. ¿A una de sus Arynas se le partió una uña? Lo conozco, le gusta crear desagravios con los que no se relaciona bien.

El Sigma se reverenció para ocultar la sonrisa despectiva que de pronto se asomó en su rostro marcado de arrugas. 

—No fue su intención agraviarla, mi Señora, en cuanto se libere de ese inconveniente, la llamará.

Amara resopló.

—Tendrá que ofrecerme más que una llamada telefónica para que vuelva hacer negocios con él —dijo sacando partido del asunto. Ante todo era una férrea negociante.

Céferes la midió con precaución. La condenada alemana se la conocía muy bien por echar por tierra cualquier tratado comercial, solo porque alguien no la aduló como era debido. En ese aspecto, su amo, falló catastróficamente.

Observó una vez más a Velkan y al joven que estaba a su lado. Sin lugar a dudas el neonato era lo que sus fuentes decían: el parecido con el exadalid era asombroso: Pero lo que más le impactaba era que fuese un traidor de la Hermandad de Fuego. Tal vez, si lo estudiaba bien, le serviría para sus propósitos.

En su fuero interno, Raveh contaba hasta diez, cansado de las niñerías de Amara. Hasta cierto punto comprendía el desplante de su camarada, pero no era para dejarse llevar por la rabia. Él, por lo general, no lo hubiese demostrado, habría actuado sigiloso, vengándose a su manera. Quién lo ofendiera pagaría caro. Era un Grigori en toda regla; como tal, el que cometió tal afrenta, debía sufrir las consecuencias.

Elevó sus ojos hacia el ventanal, dos pisos más arriba en el extremo este del castillo. Desde allí se alcanzaba a ver la figura de Ana Lucía, observándolos con detenimiento. Estaba hermosa, con el cabello suelto, cayéndole en delicadas capas hasta los hombros. Le hubiera gustado tenerla a su lado, recibiendo a la reina, pero la seguridad de ella era primero, previniendo que alguno de estos la atacase, por su condición humana.

Por un momento sus miradas se trabajos, sin la recriminación de por medio. Entre ellos comenzaba a haber una suerte de acercamiento, disfrutando cada vez más de la compañía del otro. Por su parte lo hacía desde un principio, deseándola con todas sus fuerzas, más que todo motivado por su mismo carácter. Una mujer como ella no se encontraba a la vuelta de la esquina, esta tenía mucho temple, una amazona que lo dominó con sus ardientes besos, de los cuales, la mayoría de las veces, fueron robados.

Sin embargo, esa noche le haría la gran pregunta. Porque si Amara, cuyo Egregio la odió con todas sus fuerzas, terminó enamorándose de ella, él… podría conquistar el corazón de la indomable humana.  

Entraron al castillo en el preciso instante en que las nubes oscuras se despejaban para permitir que los rayos solares se filtraran e iluminaran con su iridiscencia a los seres vivientes y aquellos que no lo eran tanto. La Guardia Pretoriana que cuidaba el Silver Hack, tuvieron que resguardarse bajo la sombra de unos árboles. Lo que estaban con Amara, entraron junto a ella, atentos a cualquier eventualidad.


*****


—¡De ninguna manera! —rugió Noah, ante la propuesta del Sigma del Grigori iraquí. Semejante abominación era difícil de concebir.

—Amara, mantén a tu prometido callado, o tendremos que prescindir de él —manifestó Raveh con parquedad. La intromisión del muchacho, por mucho que fuera el futuro cónyuge de la alemana, no iba a ser tolerada en el Salón de los Trofeos.

La aludida gruñó avinagrada.

—Lo que él tenga que expresar, será tomado en cuenta. Así como Azael tuvo la osadía de enviar a su representante, yo haré lo mismo con el mío. Noah Evans será de ahora en adelante quien supervisará mis negocios, si a nadie le gusta, se las verá conmigo.

Raveh inclinó la cabeza estando de acuerdo con ella, Céferes se reverenció más sumiso, pero en su mente bullía una cadena de vulgaridades que deseaba expulsar a los cuatro vientos, y Velkan sonrió con el aplomo de su reina; fuerte como siempre, sin dejarse intimidar por nadie.

—Esperemos que él esté a tu altura y no te deje en la banca rota —expresó con socarronería el anfitrión del castillo—. Comenzará a nadar entre vezados tiburones.

—En eso pueden estar tranquilos —terció Noah con su habitual sarcasmo—. Me gusta la pesca peligrosa.

Amara se carcajeó. Raveh se sorprendió y Céferes se enojó.

Cada quién reaccionaba de modo diferente ante el desenfadado muchacho.

Dos meses atrás, Amara le había revelado a Noah el tipo de negocio que ella solía hacer con los demás Grigoris. Por un instante temió que lo perdería, motivado por los gritos escandalizados de este. Pero cuando ella le explicó –en parte– cómo se extraía la sangre, se calmó. A la mayoría de las víctimas se las sustraía estando estos entre la vida y la muerte; más que todo ocasionado por algún desastre natural, guerras, o vandalismos entre ellos mismos. Un recurso que no dejaban pasar y que repercutía en millones de euros.

Por lo menos los ataques no se daban con frecuencia.

No como lo hubiese deseado la Soberana en sus viejos tiempos.

Velkan estudió cada uno de los rostros en el salón. Pese a que estos mantenían una sonrisa desabrida, la tensión era palpable en la habitación. El tratado comercial del cual el neonato casi pierde los estribos, tenía que ver con la sangre recolectada de infantes entre el primer día de nacido hasta cumplidos el primer año de vida. Azael había manifestado su mórbido deseo de probar el producto proveniente del país germano, en respuesta a la fama que estos tenían de llegar hasta la ancianidad en perfectas condiciones.

Por lo que, entre más joven fuese el humano, más pura era su sangre.

Pero el condenado vejestorio se había encontrado con la negativa del prometido de la reina. Para él, tal negociación era descabellada, y, por extensión debía rechazarse. Eran vampiros, no monstruos.

Para Velkan el respeto hacia el neonato aumentó.

El gong del reloj del vestíbulo principal anunciaba la una de la madrugada. La reunión les había tomado más tiempo del preciso para cada uno de los presentes. Velkan se sorprendió por las horas transcurridas; discutir temas que tenían que ver con la recolección casi siempre terminaba hasta el amanecer.  

Raveh pidió a uno de sus hombres que notificaran a los sirvientes que sirvieran la mesa. Noah frunció el ceño ante lo anunciado, pero no dijo nada al respecto, tal vez en esa parte del país tenían la misma costumbre de Alemania de beber sentados en la mesa.

Amara cerró los ojos y maldijo para sus adentros.

La que se iba a armar cuando él se enterase de que sería la cena.

Si antes no se había escandalizado por el estilo de vida que llevaban los vampiros.

En esa ocasión, sí.

Podría perderlo por su culpa.   
Para el lunes el capítulo 46
Pasen un feliz fin de semana. :)
Nota: El texto quedó con separaciones, sin lograr corregirlo.