lunes, 6 de julio de 2015

Capítulo 34



N
oah apareció solo, en medio del Gran Salón. Estaba proyectado, dejando su cuerpo al cuidado de Amara. En ella confiaba a plenitud, mientras él hablaba con los ancianos como si fuese un “ente”.
—Lo esperábamos —dijo el Augur, sentado en la única silla sobre una plataforma un poco elevada.
También yo —pensó el muchacho, recorriendo con la vista a cada uno de los Portadores presentes. Su padre se hallaba cerca de él, con expresión adusta. El hijo pródigo volvía a casa, y no precisamente arrepentido.
—Entonces, saben a qué he venido —dijo Noah, tratando que el nerviosismo no fuese evidente. Podría estar desencarnado, pero cualquiera de ellos tendría la capacidad de hacerle daño si abandonaban su refugio de carne y hueso. Un proyectado hería a otro proyectado.
—Lo sabemos —expresó el Augur, acompañado de seis de sus cofrades más letales. Tres de pie por cada lado—. Pero queremos escucharlo de sus labios. Por favor, díganos lo que demandan los Nocturnos.
Tomando previsión de su entorno, Noah rodó los ojos, midiendo a cada uno  de los hermanos aurales. Estos se mantenían sentados en sus respectivos asientos oficiales, con las manos empuñadas y la mandíbula apretada, conteniendo vociferar mil palabrotas.
—Los Egregios y la vampira —informó. Los Grigoris vienen por ellas.
—¡Jamás!
—¡Que se pudran en el infierno!
—¡Traidor!
Fueron las respuestas que obtuvo a cambio por parte del público que le rodeaba.
El Augur levantó una temblorosa mano y pidió silencio a los Portadores.
Estos obedecieron. La máxima autoridad se imponía sin gritos ni golpes.
—Eso es imposible. Los Egregios no están listas y la señorita Baldassari se ha transformado en humana.
Para Noah, lo que dijo el anciano no le causó sorpresa. Al contrario, estaba preparado para esa noticia.
—Entonces, ¿cuándo? —replicó—. Han pasado tres años y los vampiros perdieron la paciencia. Esperaron demasiado.
Nuriel esbozó una sonrisa displicente.
—Veo, joven Evans, que ahora es el vocero particular de esas criaturas abominables. Ha vendido su alma al diablo a favor de una golfa.
Los abucheos e insultos se alzaron al instante.
—Cuide su lengua, no la conoce.
—¡Noah! —reprendió Oron, preocupándose por la vida de su hijo adoptivo. A pesar de todo lo amaba.
No obstante, Nuriel se carcajeó, ignorando la actitud del muchacho. La tensión crecía en el Gran Salón, los Portadores estaban por saltar de sus sillas y acribillarlo con psiball y ondas expansivas. Pero se mantenía en sus puestos, aguardando órdenes superiores.
—El amor malsano es un veneno que contamina los corazones de los más nobles —escupió el líder de la Hermandad de Fuego—. Cuando se está enamorado de un ser vil, no se ve más allá de la lujuria. Esa mujer con sus poderes de seducción lo ha sabido envolver. Dele la espalda a esa enferma alianza, está a tiempo de salvarse de la destrucción.
Noah observó al anciano y deseó patearle el trasero.
Era un hipócrita.
—Como ustedes hicieron conmigo —espetó—: me dieron la espalda cuando más los necesitaba.
—¡Para servir a los Malditos! —exclamó enojada Kytzia Garko, la única portadora que logró sobrevivir al enfrentamiento con los vampiros en el zoológico de Londres. Esa noche, su poder telequinético le permitió escapar ilesa y dejar atrás a sus hermanos aurales mutilados. Los miembros de la Tríada: Allison, Noah y Donovan, se habían manifestado como los más traicioneros de la Hermandad de Fuego.   
Ante la airada presencia de la menuda mujer, Noah parpadeó atónito.
—Kytzia… Estás viva…
—Para usted: señora Garko —corrigió ella de mala gana. Una mujer rolliza de baja estatura, y con temperamento fuerte. Siempre había apreciado al muchacho, fue su favorito desde que él puso un pie en el Zigurat cuando tenía 14 años. Pero desde su deserción y el de sus compinches, sus amables sentimientos cambiaron a unos avinagrados.
Noah la observaba, pálido. Lo último que supo de Londres, fue que más de una cabeza rodó y que no hubo sobrevivientes. Le sorprendía de buena manera que su antigua profesora y amiga estuviera a salvo.
—Lamento lo que sucedió —este expresó—, yo, eh…
—Ahórreselo —Kytzia lo interrumpió con rudeza—. Dejemos las dobles caras y hablemos claro.
El joven Portador asintió ante la ironía del asunto. Creció con personas que nunca dejaban las máscaras de lado. Disfrutaban ofrecer una imagen de nobleza, y actuaban clavándole a la víctima un puñal por la espalda.
—Muy bien —dijo manteniendo la frente en alto—. Hablemos claro: los Grigoris se presentaran aquí en unos minutos. Prepárense porque no vienen a platicar, sino a buscar a los Egregios y a la vampira. Están en ustedes que no corra sangre.
—¿Es una amenaza? —inquirió un Portador sin dotes especiales.
Noah alzó las manos, preparándose para huir de ser necesario. Enfrentarse a ellos, solo y desarmado, era un suicidio. La hora de la retirada había llegado.
Miró a su padre y este lucía entristecido. Su hijo estaba perdido.
—Está bien, joven Evans —concedió Nuriel en un tono de voz mesurado—. Comuníquele a los Nocturnos que pueden ingresar al Zigurat. Los vere…
—¡¿Qué?!
—¡Es un error!
—¡Jamás deben entrar a la ciudad, nos matarán!
—¡Asesinos!
—¡Traidor! ¡¡Traidor!!
—¡SILENCIO! —estalló el Augur. Su temblorosa voz retumbó imponente por las cuatro altísimas paredes del Gran Salón. Detrás de él, con tres metros de alto, colgaba rutilante, el símbolo de la mente, el cuerpo y el espíritu en los seres pensantes, y emblema de la Hermandad de Fuego.
La letra griega Psi.
El mar de voces y gritos, cesó, conteniendo la furia de los presentes. Más de un Portador seguía en pie para lanzarle al mensajero una contundente onda expansiva. La rabia les hacía olvidar que estaba proyectado y que estos solo lograban lastimarlo si estuviesen de igual modo.
—Aquí, en media hora —acordó el Augur a Noah, a pesar de que no tenía el apoyo de sus subalternos.
El joven intentó sonreír, pero la ocasión distaba de ser amena. El peligro se avecinaba para él y sus acompañantes.

*****

—¿Qué esperamos? El viejo nos dio luz verde —prorrumpió Needar, sin detenerse a sopesar los pro y los contras.
—Es muy riesgoso —intervino Amara, que había escuchado con estupor lo que Noah comentó—. Así nomás…
—Es una trampa, tan sencillo como eso —soltó Velkan que hasta ese instante había guardado las distancias con los Grigoris—. Sería mejor que Sven, Herman y yo nos presentemos allí para hablar con ellos. Si su propósito es aniquilar, que sea a nosotros y no a ustedes, mis Señores.
—De ninguna manera —expresó contundente David Colbert—. Es a nosotros que extendió la “invitación”; si van otros, nos tildarán de cobardes.
—Estoy de acuerdo —convino Beliar con sus manos transformadas en garras—. Si los Portadores pretenden jodernos, se las verán negras.
—Secundo la idea. ¡Hay que aplastarlos! —exclamó Herman con su potente voz.
Needar sonrió, y Amara se inquietó. ¿De qué serviría una confrontación, si la tenían de perder? Habría que andarse con cuidado, analizar los pormenores al suceso.
Pero uno de los integrantes guardaba silencio. Siempre atento, siempre en la sombra.
Como un animal a punto de atacar.
Y eso no pasaba por alto para Noah y David, que observaban los movimientos del vampiro franco-búlgaro.
Daba la impresión de que planificaba su propio plan.
—Muy bien —dijo David—. Haremos esto…

*****

—Señor, ¿está seguro que…?
—Pierda cuidado, mi querido Oron —expresó Nuriel al siguiente en la línea de mando en el Zigurat. Su pasividad era alarmante. Los miembros de élite, cuestionaban el raciocinio del anciano. Su edad avanzada comenzaba a nublarle su proceder. Permitir que unos chupasangres poderosos ingresaran a la ciudad piramidal, para “hablar” sobre el destino de varias mujeres, era escandaloso.
Pero antes de que Oron replicara…
En medio del Gran Salón, apareció Noah sostenido de la mano por cuatro Grigoris.
Las alarmas sonaron por toda la ciudad amurallada, anunciando la presencia de vampiros.
Todos se alteraron y de sus asientos se levantaron. Los cofrades se posicionaron frente al Augur, con sus armas listas para disparar al corazón de los chupasangres.
—¡Tranquilícense todos! —exclamó Nuriel desde su trono, añorando el cayado para golpear el piso y aplacar los ánimos caldeados.  
Noah se tambaleó y Amara lo auxilió, sujetándolo de un brazo. Las piernas del muchacho fallaban ante la teletransportación que realizó. La Siberia de ese mundo estaba muy alejada y para completar, había cargado a cuestas almas inmortales.
David, Beliar y Needar, median a sus enemigos, pendientes de cualquier movimiento sospechoso. Si alguno de los Portadores lanzaba la primera esfera luminiscente, ellos se defenderían contratacando. Su velocidad era mil veces superior al de los humanos.
Nuriel levantó una mano y con su poder, los sonidos estruendosos que hacían las alarmas por toda la ciudad, dejaron de sonar.
Sin embargo, cada edificación quedó clausurada, resguardando a las personas de ser atacadas.
—Es un “placer” para nosotros tenerlos en nuestro humilde hogar —expresó Nuriel sin dejarse apabullar por los Grigoris—. Es la primera vez que cuatro de ustedes pudieron cruzar uno de los portales dimensionales. Los felicito, la ayuda fue… —miró con ojeriza a Noah— excelente. Sean bienvenidos.
Los aludidos asintieron solemnes. La diplomacia una vez más haciendo gala entre las fuerzas sobrenaturales.
David dio un paso al frente.
—Les damos las gracias por permitirnos negociar con la Hermandad —dijo como vocero asignado del grupo—. Estamos aquí por la señorita Baldassari y los Egregios.
Los ancianos protestaron en voz alta, con el deseo impreso de que los vampiros perdieran los estribos. La batalla se llevaría a cabo y la sangre correría al instante.
Pero estos eran astutos.
—Me temo que no puedo permitirles que se lleven a nuestras jóvenes promesas —replicó el Augur—. Aún no están listos para conocerlos.
—¡Eso lo dijo hace tres años! —gritó Beliar enojado. El viejo bastardo pretendía hacer tiempo del que ya no contaba.
—Nos lanza la misma excusa, una y otra vez —le hizo ver David, manteniendo la calma—. No acordamos que fuesen años, sino días.
Nuriel rio indolente.
—¿Cuándo acordamos eso? —se hizo el desentendido—. Dije “cuando estén listos”, no que se los llevaría al término de la estación. Comprenda, mi querido… Agathodaemon, los Egregios son nuestro bien más preciado.
—También para nosotros —dijo Amara, mirando de reojo a Noah—. Los amamos, incluso antes de que estos nacieran. Son nuestros corazones, nos hacen sentir vivos, dichosos de tener una segunda oportunidad. Por ellos renunciamos a la Divinidad, su carisma nos atrapó para siempre.
Beliar y Needar asintieron, estando de acuerdo con la rubia vampira.
—Queremos verlos —anunció David con aplomo.
Nuriel negó con la cabeza.
—Ya expliqué mis razones.
—Y nosotros también —replicó el otro—. Es nuestro derecho.
—¡Infamia!
—¡Basura!
—¡¡Lárguense de aquí!!
Exclamaron los Portadores, indignados.
Los Grigoris gruñeron por lo bajo, su sonido gutural se ahogaba ante las voces airadas de los ancianos, pero no porque estos los apabullase, sino porque deseaban agotar su plan hasta las últimas consecuencias.
A Noah no le pasó por alto que no viera por ningún lado a Donovan Baldassari. Él era entre los Portadores el más fuerte, sería un adversario difícil de derribar. Por esa razón no se explicaba que estuviese ausente. Jamás hubiese permitido la presencia de vampiros en el complejo piramidal, y, menos, dialogando términos que tuviera que ver con su hermana.
El Augur se puso en pie, ayudado por dos de sus cofrades. Los demás apuntaban hacia los visitantes indeseables.    
—Como hablar no es una vía apropiada, tendremos que tomar medidas drásticas contra ustedes —amenazó.
Amara y Noah intercambiaron miradas azoradas, tendrían que enfrentarse a enemigos que los superaban en número.
David, Beliar y Needar gruñeron amedrentadores, haciendo vibrar los vitrales de las ventanas.
Los Portadores se levantaron y los rodearon.
El primer psiball fue lanzado para impactar contra ellos.
La batalla estaba anunciada.

*****

—¿Qué es eso? —preguntó Marianna a Donovan que le hacía compañía. El ruido imperante le taladró los tímpanos por un par de minutos y luego cesó, tan repentino como había comenzado.
—Nada —dijo este, simulando tranquilidad, pero en realidad estaba por salir corriendo de la habitación. Miraba por la ventana hacia el exterior. La ciudad futurística se hallaba en una angustia creciente y él sin poder hacer nada. El Augur le había dado órdenes expresas de no dejar sola a su hermana, pasara lo que pasara. Suponía que ese era uno de los motivos por el cual no debía marcharse.
No obstante, la rebelde muchacha intuía que algo malo estaba por suceder. Lo presentía, el hormigueo debajo de la piel así se lo indicaba, era un presentimiento, de los que no había tenido en mucho tiempo.
—¿Simulacro? —indagó para calmar su desasosiego. En algunas ciudades era costumbre entrenar a los residentes en caso de incendios, terremotos, o huracanes.
Donovan se volvió hacia ella, que estaba sentada en la cama y respondió:
—Sí, suele hacerse uno cada tres meses. Es por precaución. Ya hemos pasado por tragedias… y…, bueno, ya sabes cómo son esas cosas…
Marianna asintió no muy convencida. Donovan lucía diferente, inquieto, quizás, con un enrojecimiento en su rostro.
¿Le ocultaba algo?
Abrió la boca para preguntarle, pero fue interrumpida por la llegada abrupta de un vigilante.
—¡Salgan! No es seguro estar aquí —este le advirtió—. ¡Nos atacan!
—¡¿Quiénes?! —preguntó Marianna, temerosa de que fueran algunos de los muchachos que gritaron barbaridades en el pasillo, horas atrás. El rumor acerca de su presencia corrió como pólvora, y cada habitante vociferaba a los cuatro vientos el descontento por tenerla en el Zigurat.
Sin esperar a que esta se preparase, Donovan la tomó del brazo y la jaló fuera de la habitación. El Augur, comportándose extraño; las alarmas, la noticia del vigilante… sería una enorme torpeza permanecer en un mismo lugar.
Corrieron hacia los pisos inferiores, sin tomar el ascensor. A Marianna le dolían las piernas, por la falta de ejercicio físico. Todo era caos; mujeres gritando, niños llorando, y hombres exigiendo explicación a los pobres guardianes que protegían cada edificación.
El pandemónium se había desatado.
Y nadie sabía nada. 




Para el miércoles el capítulo 35
Por razones de salud, a partir de hoy los capítulos se subirán los días lunes, miércoles y viernes. 
Les pido disculpas cualquier inconveniente. 
Saludos.