Indómita.

Relato que sirvió de inspiración para mi primer libro
"El Código Aural"
   Durante años he observado a los humanos corriendo hacia sus trabajos, asistiendo a la escuela y besándose en las esquinas… Cosas triviales y muy humanas; no los envidio, no es mi estilo de vida ni lo necesito. ¿Por qué añorar algo que nunca he querido? Me gusta ser vampiro, el poder y la riqueza que poseo, el talento artístico que tengo y los años que me quedan por vivir. 
   He vivido la historia, he visto cosas que nadie se imagina. Los conocimientos adquiridos a través de los siglos dejaría sin palabras al más inteligente de los Eruditos. No he pasado por la universidad, los títulos que poseo son pura parafernalia. Cosas que parecen el escenario de un teatro. Un mundo de apariencia. No podría estudiar con tanta sangre revoloteando y coqueteando a mí alrededor, bebería de ellas a diario, un festín interminable de mujeres ávidas por una noche de placer. No tendría problemas, las hipnotizaría y olvidarían. Pero al final alguien sospecharía por la palidez de sus rostros y las marcas de los colmillos.

    De poder hacerlo, les preguntaría: ¿Cuál es el común de las mujeres? Todas son diferentes, con emociones y pasiones ambivalentes. Por mi cama han dormido muchos amores frágiles que no perduraron más que el gusto del momento. No me interesaban sus corazones, había desistido de amar, si no estaba la que me ponía a cantarle a las estrellas, no los quería.
   Lo siento por las que esperaban más que una noche de pasión, nunca las engañé bajo promesas que quedarían rotas, cuando andaban conmigo, sabían en lo que se metían. Sólo era diversión.

   En toda historia siempre hay dos lados y con ella ocurrió todo lo contrario. La conocí al final del milenio. Impulsiva, inmadura y posesiva. Sobresale entre los humanos en buena medida. Olvida que es una especie inferior y desafía una riña si la cuestionan. Soy un idiota al fijarme en su belleza, la dulzura de su sangre corriendo por las venas y en la grandeza de su alma. No tuve que enseñarle a amar, ya era toda una experta cuando me sedujo y me convenció de convertirla. Dio un respiro a mi soledad, encontró la forma de cómo ablandar mi corazón, me ama sin treguas ni tapujos, no permite que los convencionalismos la intimiden. Indómita y arrogante, una duplicación de mi carácter. 

   Sus sentimientos son refrescantes, una vacación de tantas mujeres fáciles, su pasado no la marca, escapó de un esposo abusador que la golpeaba porque no hacía las labores de la casa a la perfección. Derrumbó muchos tabúes, huyó y persiguió sus propios sueños. Vio los frutos de la independencia y abrazó el amor de un vampiro. 

   Es una buena mujer y pudo haber sido una gran madre si hubiera engendrado hijos, el odio de su pareja fue ascendente ante un útero estéril. La obligaron a casarse a los 14 años, su cuerpo sin desarrollarse fue ofrecido a un asqueroso sujeto de 50 años. Era el pago de una vieja deuda entre su padre y el acreedor. Los juegos de mesa arruinaron la fortuna y reputación de la familia; la salvación a la ruina total y al desprestigio, era dar a la pequeña hija en matrimonio.

   Me gusta su desapego, no me empalaga con cursilerías ni poemas de enamorados. Le admiro su entereza, respeta mi espacio y hace siempre las preguntas correctas. Sabe ubicarse, me ama si se lo pido y no se molesta si no me apetece. Es una buena compañera, domesticarla, es todo un desafío, me hierve la sangre haciéndome sentir vivo, ¿para qué la quiero diferente? Por ella mataría y hasta daría mi propia vida.

Comentarios

Publicar un comentario