Ojos de fuego.


   ¿Qué hago para no consumirme bajo la llama de tu mirada?
   El fuego que hay en tus ojos arrasa los desmanes de mi corazón.
   Te amo sin poder luchar al respecto, estoy inerme ante ello.
   Me atrapaste desde la primera vez que nos cruzamos por los caminos de la vida.
   Eres todo y nada, mi mundo y mi destrucción.
   El principio y el fin.
   El bien y el mal confabulados en un solo ser, un ángel convertido en demonio que me acalora por dentro.
   Tu nombre es música para mis oídos, tu piel, la cobija que me abriga, y tus labios, son la perdición de mi alma.
   Me declaro culpable si he pecado sin lamentos, pues quien me tienta a hacerlo, ha caído del Cielo y ha entrado al Infierno.

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