¿Fue un sueño?

   Desperté de improviso al ser jalada del brazo con mucha fuerza fuera de la cama, caí al piso de forma aparatosa, golpeándome el pecho y el rostro con mucho dolor. Por un segundo perdí la noción del tiempo, y al caer en cuenta de lo que me había sucedido, reparé que el sol aún se ocultaba en el horizonte. Miré hacia el reloj despertador de la mesita de noche comprobando que eran las 3 de la madrugada. Alguien sin duda alguna me había jugado una broma pesada e iba a pagar caro por haberme arrebatado el sueño de esa manera.
Sin embargo, al tratar de levantarme, no pude. Me dolía cada fibra de mi cuerpo, no podía moverme y me costaba respirar como si tuviera encima un gran peso aplastándome.

   Al instante comprendí que no se trataba de una broma y que el asunto era serio. Lentamente, y con mucho esfuerzo, me arrastré como una serpiente hasta aferrarme a la cobija que caía a un lado de la cama. Hice acopio de todas mis fuerzas y logré ponerme de rodillas, las piernas me temblaban; si no enterraba las uñas en el colchón, caería nuevamente.

   Mis ojos rodaron hacia la persona que dormía sobre la cama, era mi hermana; aunque me extrañaba que estuviera allí tendida y no en Caracas donde vivía; me daba la espalda, arropada hasta el cuello y con el cabello como un abanico sobre la almohada. No entendía por qué no me avisó de su llegada; no obstante, lo dejé pasar e intenté pedirle ayuda, que me extendiera una mano y me ayudara a levantar del piso.

   Pero no podía, no salía sonido alguno de mi garganta, lo que fuera que ejercía presión sobre mí, me sofocaba.

   Después de interminables minutos de lucha, pude subirme y acostarme a su lado. Las piernas y brazos me temblaban y dolían terriblemente, el agarrotamiento muscular fue peor que cuando exagero en el gimnasio con las pesas, el esfuerzo fue casi sobrehumano.

   Me giré hacia mi hermana para zarandearle el hombro y contarle lo que me había sucedido. No podía aguantarme hasta el otro día, el susto era tremendo y el sueño despabilado por completo.
Y cuando lo hice… cuando quise sacarla de ese mundo onírico…

   Desperté.
  Estaba sola, adolorida, y en la misma posición a cómo “ella” estaba durmiendo.
   ¿Qué me había sucedió? ¿Acaso fue un sueño?

   Nota: El sueño o la «experiencia», fue real.

Comentarios

  1. Amiga recuerdo que esta pesadilla la publicaste en Falsaria...
    Te repetiré lo que debo haber dicho en aquel momento; Me atrapó, el suspenso de la trama te obligaba a seguirla y un poco la decepción del final, sólo era un sueño.
    Te dejo un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, me acuerdo, y gracias por el comentario. A muchos les gustaron.

      Un abrazo.

      Eliminar

Publicar un comentario